¿Cómo mantener prácticas respetuosas con el medio ambiente en la limpieza de áreas industriales?

¿Cómo mantener prácticas respetuosas con el medio ambiente en la limpieza de áreas industriales?

La limpieza es un concepto que difícilmente se puede compatibilizar con  el respeto al medio ambiente si no nos esforzamos en realizar actuaciones específicas para lograrlo. Y es que, por definición, el ‘trasladar’ suciedad de un espacio a otro donde se acumula, implica inevitablemente, un problema medioambiental.

Sin embargo, como la tendencia hoy en día es intentar incluir en nuestro día a día prácticas más sustentables, las empresas encargadas de los procesos de limpieza están avocándose a encontrar la forma de limpiar los espacios de la manera más respetuosa posible con el medio ambiente. Porque los procesos de limpieza no son actos al azar, tienen un objetivo e implican una planeación, la cual, además involucra la seguridad y el bienestar de las personas.

Limpiar se define como: trasladar la suciedad de una superficie u objeto a otro lugar donde ‘no va a interferir’ en nuestros procesos cotidianos. Así, limpiamos la suciedad de los platos, la máquina trituradora de una industria cárnica, la moqueta de una oficina, utensilios y elementos de corte en la parada de pollo…

Se trata de una necesidad, no de un capricho. Por lo tanto, no se trata de eliminar los procesos de limpieza-desinfección de superficies, sino de hacerlo de forma más respetuosa, sin excesos y midiendo perfectamente el procedimiento a utilizar, aunque esto implique tener que gestionar mejor que nunca los procesos cuidando el ‘aspecto verde’.

Cuando hablamos de actuaciones respetuosas con el medio ambiente nos referimos a que los procesos deben impactar lo mínimo posible a nuestro entorno; lo cual, aunque a veces resulta muy complicado, no es imposible.

Por ejemplo, aunque existe una red de depuradoras de agua para el tratamiento antes de su vertido en los cursos de agua o el mar, no debemos confiar que resuelvan totalmente ‘el impacto’. Hay más factores a tener en cuenta. Y así, debemos hacer con las demás acciones de limpieza.

Para comenzar, si que debemos descartar los procesos domésticos, difíciles de controlar por las autoridades y que consumen una astronómica cantidad de agentes químicos de limpieza y de utensilios (habitualmente de plástico) que son vertidos, tirados y que, en caso de alcanzar el medio ambiente de manera incontrolada (bosques, ríos y el mar), representan una problemática añadida: los microplásticos, fenómeno tristemente muy publicitado últimamente por las enormes dimensiones que ha comportado en los océanos, y que ha obligado a la creación de normativa europea al respecto.

En estos casos, lo que queda es apelar a la conciencia ambientalista de los consumidores, que deberán comprometerse a practicar el reciclaje y el uso de productos sustentables en su día a día para reducir su impacto como individuo sobre el plantea.

Luego tendríamos los procesos ‘análogos a los domésticos’ pero ejecutados por empresas, como empresas de limpieza que realizan servicios en oficinas, colegios, colectividades, etc.

En este ámbito, la utilización de los químicos en gran parte de nuestros centros no solo se hace de forma descontrolada, sino que se utiliza en una forma piramidal de abrasión incorrecta.

En pro de luchar contra este problema, en la mayoría de países europeos ya se tiene ‘grabado a fuego’ que los productos químicos abrasivos se utilizan de forma puntual, lo mínimo posible y solo en suciedades ‘rebeldes’. Lo malo es que en nuestro país todavía existe una cultura muy extendida de limpiar con el producto más abrasivo gran parte de las superficies.

El argumento del personal de limpieza es: “que no hay tiempo para ir cambiando productos, y si utilizan un producto altamente abrasivo garantizan que se elimine toda la suciedad en una sola pasada”. Y así siguen poniendo en peligro al medio ambiente, que recibe residuos que provocan reacción medioambiental, sin contar los riesgos adicionales a los que se enfrenta el personal de limpieza ante la manipulación de productos agresivos.

En este sentido, es cierto que existen suciedades y niveles de higienización-desinfección que implica el uso de productos químicos específicos y de gran poder contaminante (ya sea por el agente de limpieza o por la suciedad que arrastra).

Pero, si optamos por medidas específicas donde intervengan las depuradoras, la imagen de nuestros ríos totalmente cubiertos por una capa de espuma (a veces de colores), con peces muertos en la orilla y con un grave problema de eutrofización (crecimiento excesivo de plantas acuáticas que agota el oxígeno disuelto en el agua provocando la muerte de todos los peces y animales acuáticos, causado por excesos de fósforo y otros contaminantes en el agua) se reduce. Es decir, las empresas y profesionales de la limpieza pueden poner su granito de arena en reducir el uso de productos que generan un impacto ambiental, invirtiendo un poco mas en procesos más sustentables.

Para lograrlo, en primer lugar, hay que realizar un correcto análisis de la suciedad. No es la misma suciedad la que se genera en una oficina que la de una industria cárnica donde fabriquen embutidos.

Por supuesto, no son suciedades comparables y, por lo tanto, no tiene sentido que se use un agente desengrasante de alta alcalinidad para el suelo de la oficina, mientras que quizá que si es necesario en el ejemplo de la industria cárnica. Así, al hacer una correcta evaluación de la suciedad a eliminar nos permitirá buscar los productos químicos más adecuados, que nos permitan limpiar de la forma más eficiente, con la menor cantidad de producto y con más respeto hacia el medio ambiente.

Otra medida podría ser el uso de agentes químicos concentrados que minimicen la dosis que trae las ventajas de: menor emisión de CO2 derivado del transporte, menor manipulación de pesos por parte del personal (mejorando la prevención de riesgos laborales), menor consumo de envases. Eso sí, sin olvidar un aspecto clave: que se usen adecuadamente.

Algunas medidas para hacer una limpieza industrial sustentable

Gadeslimp, especialistas en servicios de limpieza, nos comentan algunas prácticas para realizar una limpieza industrial más respetuosa con el medio ambiente:

  1. Cambiar de solventes a desengrasantes base agua

La mayoría de las aplicaciones industriales, en las que las piezas y la maquinaria necesitan grasas o aceites para lubricación, requieren el uso de un desengrasante para reducir la contaminación y penetrar en la grasa y la suciedad más difíciles.

Los desengrasantes siempre han sido la solución más popular a la hora de desengrasar; pero ahora también se puede optar por alternativas a base de agua, con una mejor formula y que han comenzado a ser una elección bastante recurrente.

Emplear base acuosa en lugar de solvente implica menos daños en el medio ambiente y una alternativa segura con la que trabajar.

Los vapores procedentes de los desengrasantes con solventes pueden causar problemas por inhalación, mientras que los altos niveles de VOC (compuestos orgánicos volátiles) presentes en los solventes y la inflamabilidad inherente a los mismos implican violar la ley sobre almacenaje en ciertos momentos.

Por el contrario, los desengrasantes base agua no comportan ninguno de estos riesgos, ya que no son dañinos al inhalar, tienen niveles bajos de VOC y no son inflamables. Es decir, son más seguros para el usuario y el medio ambiente, ya que suponen una reducción en residuos y reducen riesgos, puesto que los operadores no entran en contacto con solventes dañinos.

  1. Mejorar la gestión del mantenimiento

Maximizar la eficiencia energética de la maquinaria y reducir el tiempo de inactividad de los mantenimientos puede ser clave a la hora de alcanzar la sostenibilidad y ser respetuosos con el medio ambiente. Y es que implementar un programa de gestión de mantenimiento implica reducir residuos al tiempo que aumenta la productividad.

Por otro lado, debemos establecer mantenimientos regulares de máquinas, analizar, testar y rellenar fluidos, mantener los sistemas operando a toda potencia, etc, con acciones en las que aceites y grasas están presentes, de modo que si reducimos el exceso de uso, ahorraremos en costes y en reabastecimientos.

Incluso, es una buena idea sustituir componentes o maquinaria obsoletos por versiones más eficientes a nivel energético o con tecnología más moderna.

  1. Reducir gasto en producto y agua con los sistemas de dosificación

Debido a que cada vez más negocios siguen introduciendo y mejorando sus prácticas medioambientales, los sistemas de dosificación de químicos proporcionan numerosas ventajas sobre productos prediluidos. Estos equipos diluyen y dispensan producto en el sitio deseado por el usuario. El problema es que las soluciones prediluidas pueden ser costosas, no solo en términos económicos, sino también para el medio ambiente.

Un sistema de dosificación le permite dosificar productos químicos en cubos y botellas, reduciendo así el número de envases y transportes, contribuyendo a respetar el medio ambiente. Este aporta un mayor entendimiento sobre la cantidad de producto que se emplea en sus instalaciones, lo que se traduce en una mayor facilidad para gestionar presupuestos y le aporta un punto de vista más claro sobre cuándo reponer. Así se reduce el número de envases y transportes y se contribuye a respetar el medio ambiente.

Diluir concentrados químicos en el sitio de uso quiere decir que no solo obtienen la cantidad deseada en todo momento, sino que no se desperdicia producto ni agua. Además, los operadores no entran en contacto con químicos peligrosos, sino que el producto ya viene mezclado.

 

 

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